Era un día de frío aquel en el que te fuiste, aunque el calor me quemaba la piel. Las cosas empezaban a ponerse feas y mi cara dibujaba el rostro de la preocupación. Pasaron muchas cosas en tu ausencia, cosas que posiblemente nunca podré describir con la exactitud que todas y cada una de ellas merece. También hubo momentos extraordinariamente normales, dada la situación. Y otros tremendamente complejos, increíblemente emocionantes. Mi mente albergó tu ausencia durante apenas unos días. No hubo tiempo para más. Todo se vino encima. Rápido. Fugaz.
Fue un otoño confuso, precioso, con las hojas cayendo y el corazón latiendo a mil. Un otoño de vientos huracanados, de lluvia intensa, de conversaciones secretas, de espías y duendes, de risas y nervios, de esperanzas y huellas… de dedos caminando con miedo, de labios besando en la oscuridad. Un otoño aquel muy parecido a éste en cuanto a clima, muy distinto en cuanto a ambiente.
Todo fue muy rápido, demasiado como para frenarlo, también para asimilarlo. Todo fue confuso, todo oscuro. Solo el calor de la esperanza abrigó nuestras vidas. Sólo el creer en la posibilidad de un día normal, alentó nuestro esfuerzo.
No estuvimos solos, nunca podremos decir eso. Hubo gente que en silencio no dejaba de susurrarnos. Cientos de palabras al oído que se creían con mucha menos fuerza de la que infundían. Abrazos mudos de complicidad, acaso llenos de dudas pero al fin y al cabo… ABRAZOS!.
Llegó el día y temblamos. Recorrí decenas de kilómetros con la sensación de dejar atrás el más importante equipaje. Llegué. Nos miramos apenas un segundo y en un gran abrazo pensamos: lo hemos intentado. Alrededor habíamos dejado muchas cosas de lado. Historias que con el tiempo nos abandonaron. Nunca podremos reprochárselo. Sólo desearle lo mejor aunque el egoísmo y el miedo hayan soplado las velas de su nuevo barco. Nada que objetar pero… los barcos de verdad se proyectan como una única idea y se construyen en astilleros vacíos. Mientras, a golpe de silencio, la difícil labor de achicar litros de ausencia de la bodega de un tocado navío nos unía en un nuevo reto.
Todo comenzó a tener sentido de nuevo al calor del verano. La piel se tornaba oscura maquillando el blanco de la palidez de un invierno tenebroso y duro. Las sonrisas regresaron con la sinceridad del que sonríe poco a poco pero de verdad. Como un niño. Sonrisas de medio lado, imperfectas, discontinuas pero… sonrisas al fin y al cabo.
El verano consumía sus últimos días y el calor de una felicitación me devolvía la sonrisa. Era un día agradable aquel en el que apareciste, aunque la humedad me calara los huesos. Un día especial para mí que tú hiciste inolvidable. No me temblaba la voz a pesar del momento. Sabía que algún día seríamos amigos. Fue un placer oirte de nuevo, oir tu voz, tus buenos deseos, tu optimismo… Era el momento ideal, nunca hubiera diseñado uno mejor.
Apareciste como la casualidad menos casual. Como el pájaro más lento y seguro. Como esa paloma con mensaje y laurel. Apareciste entre la neblizna que produce la soledad del que combate solo en su propia guerra. Apareciste sin armas, solo con tu verdad…
Todo ha sido diferente gracias a ti, a tu franqueza, a tu honestidad. Una verdad cuesta moverla una vida, una mentira vuela con el soplido de un niño. Nunca podré reprocharte tu huída porque nunca podré agradecerte que hayas venido. Me haces sentir bien. No necesito más.
Uno sabe en la vida cuando luchar por los sueños, cuando dejarlos ir y cuando esperarlos. También aprende como digerir lo nublado y entender al sol. Muchas veces no escapamos de la oscuridad porque no nos moleste la luz. La luz con frecuencia deja al descubierto nuestros defectos pero la sombra desnuda nuestros límites. No quiero saber qué se oculta detrás de esta cortina. No me importa, no lo pretendo. No hay nada más grande que esto, ni sonrisa más sincera. Que nadie nos mueva de dónde estamos porque estamos bien y estamos cerca.
Gracias a quién te puso en mi camino, a quién te impulsó a volver, a quién nos dio este espacio, a quién me sujetó en la espera. Gracias, porque ha valido la pena…
INCREIBLE, sencillamente!
Es genial cuando en tu vida se cruzan personas a las que no necesitas enviarles besos con acuse de recibo para que no exista la posibilidad de que se pierdan por el camino…
Querido amigo, un amor no vale la pena, si algo descubri en tu blog fueron las palabras inteligentes de Bucay y como él dice, pena es sinónimo de:
tristeza, pesadumbre, aflicción, pesar, dolor, amargura.
Tambien significa: fatiga, agobio, penalidad, trabajo, esfuerzo, incomodidad, dificultad
Y tambien: sentencia, condena, castigo, correctivo, sanción, multa
Todas son palabras negativas, ¿acaso el amor no ha de ser positivo?
Un amor por el que hay que penar no es amor.
Amor es sinónimo de: cariño, afecto, apego, ternura, pasión, adoración, afición, predilección, querer
El amor verdadero solo debería producirte felicidad.
Todo lo demás es engañarnos a nosotros mismos.
Vive el presente y deja de vivir del recuerdo, ya se que yo tambien me tengo que aplicar el cuento, es fácil aconsejar pero muy dificil seguir a veces los propios consejos. Y tu siempre me has dado sabios consejos.
Eres una persona increible y muy valiosa, quien no sabe apreciarlo NO vale la pena.
Un abrazo.
Josep.