Después de un día de trabajo, el cansancio empuja mis párpados con su amiga la gravedad hacia la oscuridad de la noche, en la más absoluta soledad. Es algo habitual, algo monótono, algo que se ha convertido en el último año en una sensación cotidiana. Poco importa el calor de la gente cuando la noche se cierne sobre tus pensamientos. Encantado con mi profesión pero en continua lucha contra la soledad de la habitación de un hotel, no pierdo la esperanza de adaptarme algún día a que todo esto me parezca un enorme cúmulo de sensaciones. Hasta ese día no dejaré de pensar en los que no tengo cerca, en tantos y tantos insignificantes detalles y en lo inmenso del océano, en todos esos a los que día a día persigo: mis sueños, y todo ello desde un lugar como la habitación de un hotel, dónde todo me parece pequeño…
Las noches en que todo parece pequeño.
Noviembre 4, 2009 de Guido
estoy alucinada d cmo expresas tio. q pasada!
Qué bellas son las habitaciones de un buen hotel cuando estamos de vacaciones, pero qué tristes y vacías cuando se convierten en nuestros dormitorios diarios durante la semana. De todas maneras, siempre cabe pensar, en soledad y en silencio, en todo aquello que ganamos con los cambios; en lo malo que hemos dejado atrás y en el interesante camino de aprendizaje que tenemos por delante. Quizá convertir cada habitación en tu propio espacio, con algo tuyo que coloques en ella cada vez que entres a “tomar posesión” de la misma, sea el método más seguro de sentirte mejor cada noche que pases fuera.
Y lee, hombre, lee (¿qué otra cosa voy a decirte yo?)