Hay historias que comienzan y terminan, otras que no consiguen arrancar y nunca llegan a tener ni siquiera un comienzo. Y, en alguna ocasión, la vida nos sorprende con una historia inexplicable, llena de casualidades e imposibles, de desencuentros, de momentos intensos y adioses inesperados. Una de esas historias sin comienzo ni final que viven para siempre en el recuerdo de sus protagonistas.
Es habitual que cada uno de nosotros cuando vemos una película (sea en el cine o en la vida real de otros) tendamos a pronunciar frases como “Buff, si me pasa eso a mí…” o “Eso a mí jamás me pasaría”, olvidando que la vida es tan caprichosa que todo puede sucedernos a cada uno de nosotros sin la más mínima explicación. Como muy bien decía el presentador de ese magnífico programa llamado “Documentos TV”: “Historias que suceden a gente como usted”.
Esta tarde, buscando entre mi colección de películas sin ver, saltó ante mis ojos una de esas que llevaba un año esperando ser vista. En un cine diseñado para dos, en su única butaca, instalé una sonrisa esperando pasar un buen rato con la típica película americana, con guión predecible y final feliz. Y me sorprendí. No porque vaya a pasar a la historia del cine por su calidad sino como ejemplo de que la realidad, en muchas ocasiones, puede llegar a superar a la ficción. Me levanté con la sensación de haberla escrito y, en medio de una graciosa mueca, cogí mi compañera de asfalto e hice 62 Km de sonrisas.
Dichas sonrisas tienen varios motivos:
- Hace años, una compañera de trabajo todas las mañanas me decía que yo le recordaba a John Cusack. Cuando vi que él era el protagonista recordé aquello que me habían dicho tiempo atrás sin darle mayor importancia pero riéndome con la casualidad.
- Mis sorpresas comienzan cuando él le cuenta la historia de Casiopea. Casiopea es mi constelación favorita, de hecho aparece reflejada en el post “La luz al final del túnel” de este blog.
- En mi único partido “oficial” como jugador de baloncesto en el que gané aquel concurso de triples que no olvidaré nunca (pues fue mi minuto de gloria en el deporte), el número que portaba en mi camiseta era el 23 (uno de mis números favoritos que siempre figuraba en todas mis apuestas de jugador de Primitiva); ese número es el que pulsan ambos en el ascensor del hotel.
- El número que aparece a la entrada del hotel es el 301, número de la habitación que uso siempre en el hotel en el que más horas paso.
- A la entrada de la consulta de ella, en la placa hay un 222; mi número de técnico de Comunicaciones en esos años de servicio a la Armada era el 221, y aquel gran tipo jerezano con el que compartía mis horas de estudio y tiempo libre, siempre me decía: “tu número tenía que ser el 222 pischa”.
- En una de mis visitas a ese lugar dónde un tiempo vivieron todos mis sueños, perdí un guante, casualmente también el izquierdo.
- Desde que uno deja atrás una de esas historias también sucede que comienzan a aparecer nombres y detalles que la recuerdan. Eso también me ocurrió.
- Y, por si fuera poco, ayer perdí el cargador de mi móvil y me dije “estoy haciéndome mayor”. Esta mañana, después de haber comprado otro, abriendo una de esas bolsas de comida de mamá… vi dentro de la nevera el cargador dentro de una de ellas como le ocurrió a la protagonista. ¿Algo más?.
Después de todo esto, uno se levanta pensando que el guionista le ha espiado, que la vida está llena de casualidades, de situaciones que no controlamos y que a veces ni siquiera somos conscientes de estar viviendo, de momentos únicos dignos del mejor guión jamás escrito, dignos de la más increíble de las historias. Se estira, piensa un segundo, y se siente afortunado de haberla vivido…
Y es que en la vida son muy pocos los pasos que se dan con seguridad. Nadie nos asegura que esa piedra del río no se balancee y nos tire. Debemos probar a apoyarnos en ella e improvisar el siguiente paso. Pocos son los que arriesgan de verdad, los que abandonan la piedra anterior de un salto e improvisan en el vacío la caída. La vida normalmente es un caos de emociones y situaciones que nos lleva como la corriente de un río. Un torrente de situaciones que nos arrastra, ¡eso, nos arrastra!, y pocas veces nos permite remar en la dirección que deseamos.Nos dejamos llevar, como el pato que se mueve con las ondas de la piedra arrojada al estanque. Pero eso es lo más grande de vivir, la improvisación, el intentar que esa improvisacion te haga feliz, te transporte a lo largo de los años, a traves del tiempo, navegando sin parar y dejando un surco de sonrisas… La vida es maravillosa, y puede seguir siéndolo todos y cada uno de los días que nos regala un amanecer.
“Jonathan Trager, el destacado productor de la E.S.P.N., murió anoche a causa de las complicaciones surgidos al perder a su alma gemela y a su prometida. Tenía 35 años. De voz suave y obsesivo, Trager nunca tuvo el aspecto de un romántico pero, durante los últimos días de su vida, desveló una parte desconocida de su mente. Esa persona oculta, casi chunguiana, emergió durante la búsqueda en plan Agatha Christie de su ansiada alma gemela. Una mujer con la que solo pasó unas pocas horas preciosas. Tristemente, la prolongada investigación terminó la noche del sábado en un completo y absoluto fracaso. Pero, a pesar de la amarga derrota, el valiente Trager seguía aferrado a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, nah! nah!, sino más bien un tapíz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime.
Cuando le preguntaron sobre la pérdida de su amigo, Dean Kansky, ganador de un premio Putlizer y Director Ejecutivo del New York Times, describió a Jonathan como un hombre nuevo los últimos días de su vida. Veía las cosas más claras, observó Kansky. Al final Jonathan concluyó que, para poder vivir en armonía con el universo, todos nosotros debemos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban Fato, lo que comúnmente calificamos como: Destino”.
*SERENDIPITY: Accidente afortunado.
A veces el camino más largo es la distancia entre dos personas…
Las historias que no pueden ser… no son, y las que pueden ser… tienen toda la vida para serlo…

